La
historia nos muestra cómo los fines de la educación
corresponden y dependen de la manera en como se ve la vida y el
mundo en las diferentes sociedades. No ha prevalecido una manera
específica de ver los fines de la educación en las
distintas épocas, ha habido diferentes fines, traducidos
en diferentes valores, que han tenido que competir para aportar
a la constitución de particulares referentes sociales.
La educación en sí misma, desprovista de fines y valores
concretos no tienen sentido en ninguna época, siempre se
educa para algo, con un propósito. puede ser
que ese propósito, este implícito para los educadores
y los educandos.
Como dice Miguel Bazdrech no hacemos, humanos al educarnos,
o quizá más radicalmente educarnos es hacernos humanos.
Este planteamiento hace explícita una de las finalidades
generales de la educación, que debe estar presente en el
bagaje cultural del padre de familia.
La educación tiene el propósito de propiciar hombres
capaces para adaptarse con madurez a nuevas experiencias; con pensamiento
crítico y habilidades intelectuales para estructurar las
nuevas experiencias.
La escuela, junto con la familia, es el principal medio para educar
en valores para contribuir a la construcción de una sociedad
más justa y solidaria, en el entendido de que nada serviría
cambiar la estructura social -incluso por medio de la violencia-,
si antes no se ha formado al hombre para vivir con la responsabilidad,
el compromiso y la solidad que exige el orden social deseado.
En el centro de todo este planteamiento está la convicción
de que el hombre, por naturaleza, está llamado a la realización
de valores.
Es muy importante mencionar al adolescente como eje principal de
la educación familiar, precisamente en la adolescencia, es
una época de grandes conflictos. El encuentro con ellos mismos,
con nuevas energías y emociones les da las posiblidades de
descubrir que son dueños de su tiempo mental y de pensar,
que el cuerpo crece y cambia que las energías sexuales se
despiertan tempestuosamente, que les gusta que los quieran y también
querer.
En esta edad, se enamoran por primera vez, adoptan actitudes de
copiar hábitos y modas a fin de ser aceptados por quienes
sufren y padecen la misma situación. En el transcurso de
este proceso pasan de lo sublime a lo ridículo, aceptando
y rechazando lo establecido, buscando y diseñando su propia
identidad.
Los adolescentes ajustan o cambian sus escalas de valores con base
en la influencia de las personas que conocen, de libros de otras
culturas, de los medios de comunicación masivos, etc.
Cada individuo va formando a lo largo de su ida su propia escala
de valores, por oposición o aceptación de los valores
prevalecientes en los grupos sociales a los que pertenecen.
Los valores comienzan a adquirirse desde la niñez, casi sin
darse cuenta el niño va adoptando ciertos valores, de la
educación recibida en la casa, en la escuela y con los amigos.
Susan Pick y su equipo de investigadores, mencionan que al
llegar a la adolescencia, los valores aprendidos sufren modificaciones.
Usualmente, los adolescentes tienden a cuestionar o rechazar los
valores adquiridos en su niñez como una forma de autoafirmar
como individuos independientes. Por lo consiguiente, la crisis
de valores durante la adolescencia es un proceso característico
del desarrollo humano, es conveniente orientarlo respecto a la importancia
de que tengan clara su propia escala de valores, desarrollando y
manteniendo una actitud crítica y reflexiva ante las influencias
que reciban.
Hay
que retomar que los valores familiares que se poseen son las guías,
que regulan la conducta y es la presentación con la gente
que nos rodea. Hay que ratificar que el adolescente que se valora
y se respeta a sí mismo, tiene más probabilidades
de que los demás también lo valoren y lo respeten.
La
educación familiar puede abordarse desde diferentes enfoques
de la realidad social. David Isaacs recomienda la promoción
y construcción de virtudes humanas, en el desarrollo Bio-psico-social
del adolescente y a continuación, se describen las virtudes
que el anterior autor sugiere.
Relación de las descripciones operativas de las 24 virtudes
humanas.
Amistad.-
Llega a tener con algunas personas, que ya conoce previamente por
intereses comunes de tipo profesional o de tiempo libre, diversos
contactos periódicos personales a causa de una simpatía
mutua, interesándose, ambos, por la persona del otro y por
su mejora.
Audacia.-
Emprende y realiza distintas acciones que parecen poco prudentes,
convencido, a partir de la consideración serena de la realidad
con sus posibilidades y con sus riesgos, de que puede alcanzar un
auténtico bien.
Comprensión.-
Reconoce los distintos factores que influyen en los sentimientos
o en el comportamiento de una persona y profundiza en el significado
de cada factor y en su interpelación -ayudando a los demás
a hacer lo mismo- y adecua su actuación a esa realidad.
Flexibilidad.-
Adapta su comportamiento con agilidad a las circunstancias de cada
persona o situación sin abandonar por ello criterios de actuación
personal.
Fortaleza.-
En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal,
resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega
con valentía en caso de poder influir positivamente para
vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.
Generosidad.-
Actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con
alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de
la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo.
Humildad.-
Reconoce sus propias insuficiencias, sus cualidades y capacidades
y las aprovecha para obrar el bien sin llamar la atención
ni requerir el aplauso ajeno.
Justicia.-
Se esfuerza continuamente para dar a los demás lo que le
es debido, de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y de acuerdo
con sus derechos -como personas, como padres, como ciudadanos, como
profesionales, como gobernantes, etc.-, y a la vez, intenta que
los demás hagan lo mismo.
Laboriosidad.-
Cumple diligentemente las actividades necesarias para alcanzar progresivamente
su propia madurez natural y sobrenatural, y ayuda a los demás
a hacer lo mismo, en el trabajo y en el cumplimiento de los demás
deberes.
Lealtad.-
Acepta los vínculos implícitos en su adhesión
a otros -amigos, jefes, familiares, patria, instituciones, etc.-
de tal modo que refuerza y protege, a lo largo del tiempo, el conjunto
de valores que representa.
Obediencia.-
Acepta, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y
ejerce la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia,
y realiza con prontitud lo decidido, actuando con empeño
para interpretar fielmente la voluntad del que manda.
Optimismo.-
Confía razonablemente, en sus propias posibilidades, y en
la ayuda que le pueden prestar los demás y confía
en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier
situación, distingue, en primer lugar, lo que es positivo
en sí y las posibilidades de mejorar que existen y, a continuación,
las dificultades que se oponen a esa mejora, y los obstáculos,
aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad
y alegría.
Orden.-
Se comporta de acuerdo con unas normas lógicas, necesarias
para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la
organización de las cosas, en la distribución del
tiempo y en la realización de las actividades, con iniciativa
propia sin que sea necesario recordárselo.
Paciencia.-
Una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún
bien deseado que tarda en llegar, soporta las molestias presentes
con serenidad.
Patriotismo.- Reconoce lo que la patria le ha dado y le da. Le tributa
el honor y servicio debidos, reforzando y defendiendo el conjunto
de valores que representa, teniendo, a su vez, por suyos los afanes
nobles de todos los países.
Perseverancia.-
Una vez tomada una decisión, lleva a cabo, las actividades
necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades
internas o externas o pese a que disminuya la motivación
personal a través del tiempo transcurrido.
Prudencia.-
En su trabajo y en las relaciones con los demás, recoge una
información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos
y verdaderos, pondera las consecuencias favorables y desfavorables
para él y para los demás antes de tomar una decisión,
y luego actúa o deja de actuar de acuerdo con lo decidido.
Pudor.-
Reconoce el valor de su intimidad y respeta la de los demás.
Mantiene su intimidad a cubierta de extraños, rechazando
lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias
que sirvan para la mejor propia o ajena.
Respeto.-
Actúa o deja de actuar, procurando no perjudicar ni dejar
de beneficiarse a sí mismo ni a los demás, de acuerdo
con sus derechos, con su condición y con sus circunstancias.
Responsabilidad.-
Asume las consecuencias de sus actos intencionados, resultado de
las decisiones que tome o acepte, y también de sus actos
intencionados, de tal modo que los demás queden beneficiados,
lo más posible o, por lo menos, no perjudicados preocupándose
a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan
lo mismo.
Sencillez.- Cuida de que su comportamiento habitual en el hablar,
en el vestir, en el actuar, esté en concordancia con sus
intenciones intimas, de tal modo que los demás puedan conocerle
claramente, tal como es.
Sinceridad.-
Manifiesta, si es conveniente, a la persona idónea y en el
momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa,
lo que siente, etc., con claridad, respeto a su situación
personal o a la de los demás.
Obediencia.-
Acepta, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y
ejerce la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia,
y realiza con prontitud de decidido, actuando con empeño
para interpretar fielmente la voluntad del que manda.
Optimismo.-
Confía, razonablemente, en sus propias posibilidades, y en
la ayuda que le pueden prestar los demás y confía
en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier
situación, distingue en primer lugar, lo que es positivo
en sí y las posibilidades de mejorar que existen, y a continuación,
las dificultades que se oponen a esa mejora, y los obstáculos,
aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad
y alegría.
Orden.-
Se comporta de acuerdo con unas normas lógicas, necesarias
para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la
organización de las cosas, en la distribución del
tiempo y en la realización de las actividades, con iniciativa
propia sin que sea necesario recodárselo.
Paciencia.-
Una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún
bien deseado que tarda en llegar, soporta las molestias presentes
con serenidad.
Patriotismo.-
Reconoce lo que la patria le ha dado y le da. Le tributa el honor
y servicio debidos reforzando y defendiendo el conjunto de valores
que representa, teniendo, a su vez, por suyos los afanes nobles
de todos los países.
Perseverancia.-
Una vez tomada una decisión, lleva a cabo las actividades
necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades
internas o externas o pese a que disminuya la motivación
personal a través del tiempo transcurrido.
Sobriedad.-
Distingue entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utiliza
razonablemente sus cinco sentidos, su dinero, sus esfuerzos, etcétera,
de acuerdo con criterios rectos y verdaderos.
Sociabilidad.-
Aprovecha y crea los cauces adecuados para relacionase con distintas
personas y grupos, consiguiendo comunicar con ellas a partir del
interés y preocupación que muestra por lo que son,
por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo
que sienten.
ORIENTACIONES
EDUCATIVAS.-
Este consejo está fundamentado en la teoría de David
Isaacs y es el siguiente: creo que a todos los padres de familia
les gustaría que sus hijos fueran ordenados, generosos, sinceros,
responsables, reales, etc., pero existe mucha diferencia entre un
deseo difuso que queda reflejado en la palabra ojalá
y un resultado deseado y previsto y por lo menos en parte, alcanzable
(que es la definición de un objetivo). Si la formación
de los hijos en las virtudes humanas va a ser algo operativo, los
padres tendrán que poner mucha intencionalidad en su desarrollo.
Para ello hace falta estar convencido de su importancia y trascendencia
en la formación integral de los hijos.
1.-Para el adolescente es necesario vivir y experimentar estas y
otras virtudes, a fin de que las adquiera como un hábito,
recuerden, que sólo una virtud, es virtud, si se practica
todos los días.
2.-Hay que tener presente que el adolescente aprende de usted
todos los días, por lo que, si quiere enseñarle algo,
debe verlo en usted.
3.-Hay que estar más conscientes de lo que como padres
están educando, muchas veces se les modela conductas que
no les gustarían que aprendieran.
4.-La educación se puede planificar de acuerdo a su
desarrollo, en el cuadro I, le proponemos qué enseñarles
y cuándo.
5.-Hay que tener presente que todas las personas somos diferentes,
por lo tanto, la educación debe ser personalizada, es decir,
de acuerdo a cada persona, usted, mejor que nadie conoce a sus hijos.